LA IMPORTANCIA DE INICIAR EL TRATAMIENTO EN FASES INICIALES EN LA ENFERMEDAD ALZHEIMER
La evidencia científica actual demuestra que la intervención temprana mediante terapias no farmacológicas constituye un elemento esencial en el abordaje clínico de la enfermedad de Alzheimer. Iniciar este tipo de intervenciones desde los estadios iniciales de la enfermedad resulta fundamental para preservar durante el mayor tiempo posible las capacidades cognitivas, funcionales y sociales de la persona afectada.
Las conclusiones principales de los últimos estudios con respecto a la efectividad de las terapias no farmacológicas en personas con Alzheimer señalan que las terapias no farmacológicas pueden mejorar de manera significativa la salud y la calidad de vida de las personas con Alzheimer, especialmente en las fases iniciales de la enfermedad.
Las terapias no farmacológicas deben formar parte del tratamiento integral del Alzheimer y complementarse con la atención médica habitual. Un enfoque multidisciplinar y sostenido puede ayudar a retrasar el deterioro y favorecer una mejor calidad de vida tanto para los pacientes como para sus cuidadores.
Los estudios destacan que intervenciones como la actividad física, la rehabilitación, la estimulación cognitiva y las terapias ocupacionales basadas en música, arte y animales ayudan a prevenir, frenar y ralentizar los síntomas del Alzheimer cuando se aplican de forma continuada en el tiempo. Estas terapias pueden utilizarse tanto de manera individual como combinadas, obteniendo resultados positivos en la memoria, la orientación, la autonomía y el bienestar emocional de los pacientes.
Los autores destacan por un lado que el ejercicio físico tiene un papel especialmente importante, ya que mejora la capacidad cognitiva, el equilibrio, la movilidad y la funcionalidad de las personas afectadas. Además, por otro lado destacan que la estimulación cognitiva contribuye a mantener las capacidades mentales activas durante más tiempo, mientras que la musicoterapia, el arte y las terapias asistidas con animales favorecen la comunicación, reducen la ansiedad y mejoran el estado de ánimo.
Retrasar o limitar que una persona con Alzheimer o deterioro cognitivo acceda a servicios de tratamiento no farmacológico supone perder una oportunidad terapéutica clave ya que una vez instaurado un deterioro cognitivo avanzado, la capacidad de respuesta y adaptación disminuye considerablemente, reduciendo también el impacto beneficioso de las terapias. Por ello, el tratamiento del Alzheimer no debe centrarse exclusivamente en el abordaje farmacológico, sino incorporar desde las primeras fases estrategias terapéuticas integrales y continuadas que contribuyan a mantener la calidad de vida y la autonomía personal el mayor tiempo posible.
En definitiva, los últimos estudios refuerzan la idea de que las terapias no farmacológicas no sólo complementan el tratamiento médico, sino que pueden marcar una diferencia real en la calidad de vida, la autonomía y el bienestar emocional de quienes conviven con esta enfermedad.
BIBLIOGRAFÍA
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